
Las paredes son frías, al igual que tu sólida compañía.Me falta el aire y la noche inundo también mi traquea, no puedo respirar.
Pero me conozco perfectamente como para dejarme vencer por una simple estupidez; renunciar a pelear por lo que deseo y lo que no puedo.
Me siento equivocado, pero a la ves libre. Siento que vuelo por sobre todo este insignificante mundo, borracho de mis oídos e inhalando la pintura que más me encanta, pero a la ves... mas sufro y me sofoco.
El dolor de sentir el aire seco de mis pulmones, mejor dicho el no el no poseer aire en mis pulmones. Lo único que quiero en estos momentos es dejar de sentir el dolor sobre mi pecho, pero cuando ya falta poco... ella me resucita.
Ella me odia, pero me encanta.
-¡Espera! ¿Que estás haciendo? - le dije tomando de su brazo, evitando su actuar.
-Te estoy dejando - respondió a secas.
-No - susurre, con un dolor en el pecho - no lo hagas. ¡Vuelve!
-Estamos volviendo - dijo de un momento a otro.
El cuento de todos los días, aquí vamos otra ves.
Es enfermizo lo que nos pasa, cuando todo esta marchando bien, todo es hermoso, todo es genial. Nos imagino en el libro de infinitas paginas, siendo yo Superman con el vinto en mi espalda y ella la hermosa gema, Louis Lane.
Pero nada es perfecto. Cuando las cosas van mal, todo es horrible... mis paredes de desmoronan sintiéndome avergonzado y en el momento mas inesperado, quiebro, al verla con mis reflejos, al verla dentro de mis parpados en brazos ajenos a los míos.
-¿Quien es ese tipo? - recalque con enojo. Ni siquiera conozco su nombre.
Ella es mia, eso es lo que más recordaba en estos momento. Y no dejare que me quiten mi pertenencia, mi tesoro.

Puse mis manos sobre él, jurándome nunca caer tan bajo otra ves. Supongo que no conozco ni mi propia fuerza, porque lo único que podía oler era el salado aroma a sangre de aquel desgraciado sobre mi puños.
El dolor a mi pecho volvió.
¿Alguna vez amaste a alguien tanto que apenas puedes respirar?
-¡¿Que has echo?! - me gritó desesperada.
Tengo ese sentimiento raro y caliente dentro de mi. Solia tener estos escalofrios, pero ahora me estoy enfermando.
-¡Miralo! - grite.
-Juraste que nunca lo golpearías - me recordó - que nunca harías nada por lastimarlo.
-¿Cuando jure yo eso? - pregunte dudoso - nunca le había visto su cara.
Ese momento termino con su mirada pegada en mis ojos, volvimos a casa... me la traje a casa.
-No lo puedo creer - replico y se lanzo sobre mi.
Comenzo a jalarme el cabrello pero para poder poseer el control de la situasion la puse por debajo de mi cuerpo pero ella me escupio en la cara, su maldito veneno en la cara.
Se encontraba tan incrustada en su pensamientos, que para ella era como una carrera siendo yo el principal culpable.
-Lo mejor es que cada uno siga su camino - dijo mas tranquila armando sus maletas.
-¿Por que dices eso? - pregunte - no me conoces si piensas que te dejare ir.
-Ayer te conosia, hoy no - agregó - hoy es un dia diferente.
Sus palabras sonaban como canciones rotas escuchándose otra ves.
-La proxima ves que te resistas no tendras otra oportunidad - prometió.
La odiaba, pero la amaba. La vida no es un juego y hoy ella me mintió otra ves
¿Ahora me toca mirarla alejarse por la ventana? no creo que pueda resistirlo. El click de su maleta sono y ella se puso en marcha.
-Sé que dijimos cosas - inicie y ella se detuvo a mirarme - hicimos cosas que no queriamos, volviendo a caer a los mismos patrones, a la misma rutina. Pero acepta que tu humos es tan malo como el mio, eres lo mismo que yo mi reina - me fui acercando, pero ella se alejaba - pero cuando se refiere al amor eres igual de ciega.
Se dio la media vuelta sin decir nada y se fue por el pasillo.
-Nena, por favor vuelve - suplique - no eras tu,era yo. Quizás nuestra relación no era tan enfermiza como paresia.
-Quizás eso es lo que pasa cuando un tornado encuentra un volcán - respondio sin siquiera mirar.
-¿Qué?
-Todo lo que se es que te amo demasiado para irme - dijo mirándome a los ojos, dejando su maleta en la vereda. Estábamos afuera.
-Entonces ven - dije dulcemente - levanta tus maletas de la vereda.
-¿No escuchas sinceridad en mi voz cuando hablo? - dijo con dolor.
-La verdad es que no
-Todo esto es mi culpa - se culpó.
- Mírame a los ojos - la obligue a mirar, posando mi mano sobre su rostro - la próxima vez que me enoje, mi puño ira contra la pared de yeso.
-No habrá proxima ves - me miro envenenada.
-Te pido perdón, aunque se que es una mentira - dije firme - te quiero de vuelta.
-Eres un mentiroso.
-Tu también -dije apretando mi boca fuertemente con la suya.
-"Si ella vuelve a intentar dejarme, la voy a atar a la cama y prenderé esta casa fuego"- pensé